La separación exagerada entre el espacio doméstico (Orense) y el de negocios (Castellana), representantes en el imaginario de la época del proyecto de lo femenino y lo masculino respectivamente, ha generado un no-lugar, donde es imposible la vida urbana. Esta separación ha de salvarse con una nueva sección.
El “perfil cóncavo” del proyecto original, con una sola entrada cómoda habilitada, hacia la Castellana, y que establece una relación defensiva con el barrio residencial, ha de ser cambiado por un espacio convexo que permita atravesar AZCA de norte a sur y de este a oeste, ayudando a conectar la ciudad.
El espacio de AZCA se transforma de unos edificios con un pequeño jardín interior, en un jardín con edificios. Este parque llega al nivel de la acera de las cuatro calles que delimitan AZCA.
Bajo este parque ampliamos la superficie comercial, transformándola en una sola que une las ya existentes, de más tamaño y mayor intensidad urbana, y que es accesible desde todas las orientaciones.
Aprovechamos la situacion de las sedes de grandes empresas para proponer, como sombras de sus edificios, una series de fundaciones culturales. Situadas en la linea que unes el Nuevo Ministerio con el Palacio del Congresos, estas pueden convertirse en el eje cultural del norte de la Castellana.
El parque actua come un tapiz unificador que salva la división doméstico-negocios. En la esquina sudeste se sustituye la arquitectura banal del centro comercial por la de un nuevo rascacielos multiuso que lo aloja en su interior.
Este rascacielos tiene un vacío de acceso público al nivel de la mayor altura actual. La estructura adapta su triangulación de forma natural al cambio de sección.
La esquina de AZCA de Nuevos Ministerios es una de la peyor resuelta de Madrid a pesar de su situación. El incendio del Winsor es una oportunidad para repensar las relaciones entre comercio, trafico, trabajo, ocio y desfrute urbano.