El solar en Massachusetts comprendía dos palacetes victorianos rodeados de césped manicurado. Los nuevos laboratorios no debían alterar el “entorno natural”. Nuestra impresión era sin embargo de gran artificialidad. El proyecto nace de la idea de cultivo, una versión de la biotecnología, y ejemplo de lo natural-artificial.
La nueva superficie de cultivo alojaba bajo ella los volúmenes perfectos de los laboratorios. Las cubiertas eran parte del suelo accesible, formando un laberinto continuo.
Un gran pasillo cilíndrico de vidrio unía lo dos edificios victorianos y atravesaba todas las diversas funciones del nuevo laboratorio, ofreciendo a las visitas una sección del edificio.
El suelo, del que forman parte las cubiertas, aloja un minigolf, un circuito de ejercicios, aparte de los cultivos asociados a los laboratorios.