El cliente, una fundación, disponía de un local enorme pero de muy poco dinero para hacer una guardería o casa de niños en Vallecas. Se decidió de tocarlo el menos posible y hacer tres aulas como casitas en un bosque de pilares.
Cada una de estas casitas tenía su caracter propio y hacía uso de efectos espaciales para multiplicar el numero de experiencias y el modo de relación de los niños.
Los espacios entre las tres aulas se dejaban abiertos a una programación de actividades más flexible.