El concepto de Filipiniana (así se llaman los archivos dedicados a Filipinas) sugirió organizar la exposición como unos grandes contenedores de un archivo viajero. Ésto permitió respetar el espacio central de la sala, otorgando el poder de decidir su trayecto al espectador.
El diseño de Filipiniana permitió al comisario realizar tres exposiciones en una. El gran espacio vacío central permitió, por contraste, una gran concentración de objectos en los contenedores, leyendo los objetos como documentos y no como obras de arte.
La planta de la sala, muy alargada, recuerda, quizás apropiadamente, a la de la bodega de un barco carguero.
Sin ser algo buscado es posible imaginar esta Filipiniana como un archivo enviado en barco, varado en la meseta, transmutado en una estructura de la seria y tradicional arquitectura madrileña...
...en el esterior de la cual el sistema movil de anuncio de la exposicion recuerda al lenguaje marino de signos.
Decidimos usar para las nuevas paredes la textura original del tablero aglomerado, lo que le dió un ambiente calido a la exposición. Pero quizás más importante es que la estructura de madera vista recuerda a lo inacabado de los archivos.
La estructura de las paredes no se completaba en su parte exterior, donde no había objetos expuestos. Este detalle se utilizó como un recurso dramático en puntos de la exposición, como aquel referente a la historia de Filipinas en la Segunda Guerra Mundial.
Tanto la estructura de la sala como la de las nuevas paredes están a la vista. Asimismo, mientras la vista longitudinal abarca todo el espacio, la transversal descubre pequenos laberintos de salas interconectadas.