Los parques, o los espacios verdes, parecen ser el último consenso de mejora urbana, depositarios de todas las ansiedades de la vida urbana. Son la conocida “ciudad jardín” bajo el lema sostenible. ¿Han sido los parques alguna vez algo más que una coartada de la urbanización? ¿Pueden superar este estigma? ¿O quizá deben asumirlo sin necesidad de romantizarlo?
Una de las grandes virtudes y la mayor fuerza de la arquitectura tradicional china (casi indistinguible de su diseño de jardines) era su esfuerzo por fundirse con la naturaleza que la rodea. Mientras el modelo occidental de parque se aísla de su entorno, parece lógico que el parque de Taichung nazca de la conexión con la ciudad circundante
Las calles de la ciudad se extienden por el parque, haciéndolo una extensión de la vibrante vida de la ciudad asiática
Estas extensiones se convierten en el germen del uso y la estructura futura del parque, que crecerá a partir de ellas
Las estrategias principales de su diseño son: su integración en la ciudad; el mantenimiento de la pista de aterrizaje; un adecuado plan de plantación que no oculte la ciudad; diseñar las áreas de inundación como espacios de uso diario; que los elementos vertebradores no bloqueen la planta baja; y la multiplicación de las sombras ventiladas
El museo que propone el programa del parque es demasiado extenso para colocarlo de forma convencional. Al elevarlo libera espacio de conexión en un parque tan estrecho y una gran sombra y protección contra la lluvia que será colonizada en días de fiesta
El parque se organiza y crece desde las circulaciones desde la ciudad así como desde unos ecosistemas-semilla que tenderán a invadir y colonizar sus alrededores más cercanos. Entre ellos destacan los de flores y mariposas, el microbosque, los huertos de investigación…
Y el humedal, un edificio de exposiciones y congresos en forma de cráter, alrededor de un lago artificial. Las laderas interiores del cráter sirven como gradas para espectáculos acuáticos compatibles con la flora y fauna local