Las bases pedían un proyecto para la construción, en dos fases, de una escuela de música y un auditorio. Pensamos que podíamos hacer dos edificios por el precio de uno: el auditorio nace de forma automática bajo la panza de la escuela de música, elevada sobre un parque público.
El edificio sería una versión contemporánea, crecida e intensificada del templete de música: no solo acoje música bajo el, sino que la crea en su interior, es el propio edificio el que parece crear música desde sus aulas, que están situadas y orientadas a este efecto.
El espacio entre estas aulas se deja libre a la programación y ensayos espontáneos. Una segunda piel recorre todo el edificio, adaptandose a las necesidades climáticas y acústicas tanto al interior como al exterior.
Consideramos que era un error estratégico situar un equipamiento semejante a las afueras del pueblo, rodeado de viviendas unifamiliares adosadas.
Justo en el centro de Quintanar, rodeado de colegios y un centro cultural, existe un parque mal organizado y deteriorado. El solar original podria ser vendido para equipamiento privado y el dinero consiguiente usado para la rehabilitacion del parque y ayudar a la construcion del nuevo edificio.
Un estudio de campo realizado en Quintanar indicaba que la mayoria de los desplazamientos al solar previsto se producirían en automovil, necesitando así una mayor inversión para aparcamiento público y un gasto inecesario en energia.
Todo lo contrario de lo que sucederia en un solar ya de por si situado en el centro neuralgico y de ocio del pueblo.