La cualidad simbólica de los puentes los ha llevado a representar la construcción de Europa y la unión entre distintos países, quizá entendidos como orillas. Pero son también un símbolo de utilidad económica. Las obras públicas han sido y son estructuras funcionales.
Un puente, por ejemplo, suele estar diseñado para que pase el ferrocarril, y sólo el ferrocarril o sólo tráfico rodado o sólo peatones…Esta historia técnica, económica y constructiva los ha convertido en metáforas de una utilidad dirigida y única, ligeramente excluyente, inadecuadas para representar la sociedad actual.
Pero los puentes, o algunos de ellos, han sido ya ocupados y dados otros usos, como el “puenting”.
El salto es una actividad propia de los tiempos modernos, una mezcla de insatisfacción y aventura que trata de cruzar barreras y penetrar en otro medio. Es un sustituto del vuelo o su comienzo.
Recientemente se ha desarrollado una actividad urbana consistente en saltar entre edificios o apoyándose en ellos. El salto se ha convertido en una moda, un deporte y un modo de expresión. Un espíritu de los tiempos, que trata de superar los límites percibidos del cuerpo.
Los puentes ofrecen una perspectiva nueva, cercana al vuelo, a la que no es posible acceder por otros medios. El objetivo es conseguir realizar en diversos puentes actuaciones que permitan utilizarlos de formas nuevas y proporcionarles el simbolismo de una sociedad compleja y mutante, abierta y no excluyente.
« Roberto Manzano se tiró 4 veces 20-2-2000 ». Barandilla del puente sobre el río Cofio, en Madrid. Hay muchas otras inscripciones como ésta. Sería interesante facilitar estos saltos, que no supongan un peligro para el tráfico ni para los saltadores.
Aprovechando la ocasión, se situarían miradores hacia los saltos y hacia la naturaleza y el paisaje, accesos, conexiones peatonales entre las dos faldas de montaña que une el puente, aparcamientos seguros, zonas de descanso, lugar de inscripciones recordatorias…